10675581_730178203698017_7750335794130597025_nEl cuerpo es una imagen fijada en nuestra mente que se ha concretado muy tempranamente en nuestra vida. Por costumbre, proyectamos constantemente esta imagen. Intentamos preservarla y, en un cierto nivel, ella, a su vez, nos impide hacer frente a la realidad. Pero sólo es una idea. Puede ser cuestionada.

El cuerpo verdadero no es el que nosotros vemos en el espejo, que no es sino una proyección de nuestra fantasía emocional. Es otra cosa. Es algo sentido.

Mientras tengamos una idea del cuerpo, realmente no podemos vivir. No hacemos más que reaccionar. Cuando nos damos cuenta de ese mecanismo, entonces podemos preguntarnos: «¿Qué es el cuerpo, realmente, independientemente del cuerpo de deseo, del cuerpo de miedo?. Sin pretensión, sin ansiedad, ¿cuál es el cuerpo verdadero?».

El cuerpo está habitado normalmente por sensaciones de carencias, tales como miedos, angustias, tristezas, etc. Estas carencias se han convertido en la noción que nosotros tenemos de nuestro cuerpo y de nosotros mismos, una masa de resistencias.

Pero esta masa corporal es sensible y, a través de la sensación podremos tocar las capas más profundas para liberarlas del miedo, angustia, tristeza, etc. El cuerpo está habitado de sensibilidad y, esta sensibilidad que habita en las capas más profundas, es la única que puede liberar el cuerpo de estas resistencias o carencias. En estas carencias ni la angustia ni el miedo son conceptos, el concepto sufrimiento por creeerse angustiado no es realmente angustia de verdad; entonces en el mirar sin involucración de la mente, uno se libera de las diferentes concepciones «angustia», «tristeza»…, y hace frente a la «percepción angustia…».

«La sensación nos lleva a presentir la vibración sutil del cuerpo, y ésta vibración es una puerta abierta hacia el silencio». Silencio de/en Plenitud, -Paz-, que trasciende todo entendimiento.

Debemos sentir nuestro cuerpo para llegar a una sensación global del mismo, a una sensación de vacuidad. No se trata simplemente de un soltar todas las resistencias que van apareciendo; sino también de llegar a una transparencia del cuerpo, y esto normalmente ocurre cuando nos damos cuenta de que no miramos ni escuchamos. Simplemente debemos observar y escuchar con atención sin intención, sin pretender hacer nada.

«El cuerpo es sólo energía. Si hay tensión, la energía se hace estática. Es en la observación silenciosa cuando se produce una reorganización de todas las energías, cesando toda agitación y lo que estaba oculto sale a la luz; el Silencio-Amor».

En esta observación-escucha se descubre que el cuerpo existe en ti; tú no estás en el cuerpo. Los asanas (posturas de yoga), los ejercicios respiratorios (pranayama)…, no fueron diseñadas para obtener beneficios terapeúticos, para mejorar en la vida personal; sino para enseñar la «disponibilidad» para ser solicitados por las visitas del Absoluto.

Sensibilizarse corporalmente es prepararse para la desnudez de la imagen personal. Ya no hay ego, y por tanto no hay separación, no hay dualidad. El pánico de no ser nada que te pueda venir a la mente se esfumará frente a la experiencia de que no ser nada es acceder a la totalidad y de que, en esta atención desnuda, tú eres el mundo. Tu cuerpo experimentará de nuevo una sensación de plenitud y calma, que cambiará tu vida de una forma que ni te puedes imaginar.

Cuando el cuerpo se despierta ¿dónde estás tú?. Vivir ese momento de desnudez, libres de toda calificación, formulación, es un acto de Amor. El Amor del Todo por el todo y de todas las cosas entre sí.

 

«LA MUERTE ES SOLO UN PENSAMIENTO» (Jean Klein).

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La clave está en escuchar las sensaciones corporales. Al principio tenemos que darnos cuenta de que estamos predominantemente ocupados con los pensamientos y no lo suficiente con sentir el cuerpo. Así que tenemos que darnos/permitirnos algún tiempo durante el día para escuchar las sensaciones sin esperar nada, simplemente observando el cuerpo y permitiéndole que se revele tal como es. 

Gradualmente, el cuerpo se expande y en algún momento, bien durante la meditación o más tarde, nos damos cuenta que, mientras que antes hubiéramos pensado, por ejemplo, que estábamos en una habitación, ahora sentimos, que de hecho la habitación está en nosotros. De hecho, el cuerpo no se expande. Más bien siempre ha sido esta expansión. Simplemente ocurre que las limitaciones que nos condujeron a creer que el cuerpo estaba restringido se desvanecen o son neutralizadas.
(Francis Lucille)

 

 

En las pretendidas vías espirituales, hay una especie de ilusión de perfeccionamiento, la fantasía de purificarse, comprender, mejorar, cambiar, un tipo de moralización patológica que procede de psiquismos desequilibrados. En la vida no hay nada que alcanzar, nada en lo que convertirse, nada que cambiar. Las dificultades que tenemos, las patologías que portamos, las incertidumbres, las dificultades que encontramos, eso es lo esencial. Eso es la belleza -lo profundo-, y no liberarse de esas cosas para llegar a algo.  

La belleza es ahora; no se sitúa en el mañana. Desde el momento que creo que la belleza es para mañana -si me hago así, si comprendo eso, si me vuelvo libre…-, me alejo de mi resonancia actual. ¿Entonces ahora no soy nada y mañana lo seré todo? No. Es ahora cuando soy todo, en mi resonancia. No tengo que ir a ningún lugar para ello, ni hacer, ni cambiar nada.
 
La vida es apasionante salvo cuando tenemos una historia, porque entonces todo lo interesante se sitúa allí, mañana. No. Lo que es interesante es lo que me sucede ahora.
 
Desde el punto de vista de la vía de Cachemira, el tantrismo es el arte de celebrar lo último en la vida cotidiana. Es una sensibilidad disponible, todo dinamismo de devenir, de alcanzar, desaparece. Dejamos de utilizar nuestra vitalidad y nuestra inteligencia para impedir o desear.
Descubrimos las diferentes facetas de lo corporal. El miedo se pulveriza. Nos sentimos bien, en paz. Cuando el cuerpo se vuelve apacible, se revela como una masa de defensas, de miedos. En nuestra disponibilidad, lentamente se va a transformar en luz, energía, belleza y placer.
(Eric Baret)
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